¿De verdad hay diferencia entre el marketing tradicional y el digital?

Imagen aeropuerto

Es comprensible tener cierta desorientación ante la variedad de herramientas a disposición de una Pyme para captar clientes y vender. Parece como si hubiese que saber de hosting, SSL, SSD, SEO, SEM, push, beacons y no sé cuántas cosas más. Y tú de lo que sabes es de cocinar bien, de elegir la ropa que va a estar de moda, de enseñar a tus alumnos o de servir copas y hacer que tus clientes se diviertan. Y además es de lo que quieres saber, ¿verdad? No te compliques la vida, en realidad es todo mucho más sencillo y sólo hay que enfocarlo desde el punto de vista correcto.

Seguro que te acuerdas de cómo se hacía todo esto hace poco: Pues tu tío Paco decidía abrir un restaurante. Contrató al personal, compró la cocina, el mobiliario y el menaje, contrató a un decorador que le había recomendado un amigo ( y que puso el restaurante muy bonito, aunque él era un poco raro), y empezó a buscar clientes. Lo primero que hizo fue poner un rótulo luminoso encima de la puerta; después puso un anuncio en Páginas Amarillas (¡Qué tiempos!) y otro en el periódico local. Imprimió folletos y los repartió por la zona. Cuando veía a un conocido pasar por delante del restaurante salía, cruzaba la calle, le saludaba y le invitaba a un café. Con el tiempo, incluso se preocupó de salir en las reseñas de las guías gastronómicas y de que el periódico le hiciese un reportaje. Y todo esto le funcionaba, ¿verdad que sí? De hecho, todavía hay muchas empresas que empiezan más o menos así.

Todo esto que hacía el tío Paco es exactamente lo mismo que hay que seguir haciendo. Se llama marketing y la diferencia es que ahora hay más formas de hacerlo. Eso es todo, sin más complicaciones.

Una de las claves de cualquier negocio es detectar a su público objetivo y comunicarles su oferta de productos y servicios. Para eso primero se segmenta el mercado (el tío Paco eligió la calle adecuada para poner el restaurante y tú usas otras herramientas más modernas, pero los dos sabéis quiénes son vuestros posibles clientes). Después diseñas la oferta y la comunicas a ese público objetivo de la mejor manera posible. Haces campañas – como aquella que el tío Paco hizo de la semana de la paella -, que a veces funcionan bien y otras no tanto, y te preocupas de que tu negocio esté en la mente de tus clientes cuando necesitan lo que tú ofreces.

Al tío Paco le daba igual si imprimir la carta a 4 tintas era más complicado que hacerlo a 2, o si el periódico no tenía los tipos de letra que él quería (que los había visto en un viaje al extranjero y quería esos, caramba). Le era indiferente si la marca de las bombillas que usaban sus lámparas era una u otra, pero se enfadaba cuando veía una fundida y sin cambiar. Se sentía feliz y agradecido cuando un cliente le felicitaba en su libro de visitas, y se enfadaba muchísimo cuando otro le presentaba una hoja de reclamaciones (y eso que aquella vez el cliente tenía razón).

Todo eso era marketing analógico, y la única diferencia con el marketing digital es la herramienta. Hoy el marketing es predominantemente tecnológico (¡pero no exclusivamente, ojo con eso!). La tecnología es algo maravilloso; nos permite hacer cosas que antes eran muy complicadas o simplemente no se podía. Y además con cada avance podemos hacer más cosas. Sí, pero conviene no dejarnos nublar la vista: La tecnología es una buena herramienta, pero nada más que una herramienta. Sus resultados dependen de cómo y para qué se use.

Imagínate que quieres colgar tu diploma de estudios en la pared. Buscas un martillo, un clavo y un hueco disponible en la pared. Sigues los pasos habituales:

  1. Colocas el clavo
  2. Usas el martillo para golpear la cabeza del clavo
  3. Te machacas un dedo
  4. Aciertas al tercer intento
  5. Cuelgas el diploma.

Por la tarde tienes una visita y te pregunta, ¿Cómo es que has puesto el diploma detrás de la puerta? Resulta que elegir bien el trozo de pared es más importante que saber usar el martillo, ¿me explico? Bueno, pues en este ejemplo saber elegir el trozo de pared es al marketing lo que el martillo es a la tecnología.

Cuando tengas dudas sobre cómo comunicarte con tus clientes, piensa en lo que hubiese hecho el tío Paco, y si no, puedes preguntarnos a nosotros, que también tuvimos un tío Paco. Y además también sabemos usar el martillo y, de paso, el marketing digital.

¡Ah! la foto es de Riccardo Bresciani from Pexels

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